Encantos y engaños


Escrit per: Ignasi Pedret Latorre

NOTA: Aquesta narració ha estat inspirada en Brave, la pel·lícula Disney. Hi trobem la protagonista i alguns altres elements. No és estrictament un retelling, ja que he modificat la història i els fets. Potser m'hi animo i penjo de semblants però canviant de pel·lícula. Espero que us agradi.

Resultat d'imatges de brave

En aquel frondoso bosque, una chica yacía. Tras despertar de un profundo sueño, se dirigió al arroyo que había unos pasos hacia delante. Se oían las aguas fluir de forma melódica y tranquilizadora. Notó la húmeda tierra en sus pies descalzos y se sentó para ver su reflejo. Se sorprendió al ver el tono de azul que lucían sus ojos, de los cuales ya no se acordaba. Oyó el graznido de un halcón y vio que, sobre la rama de siempre, se hallaba la odiosa ave. Algo había en él que la inquietaba. Le arrojó una piedra y echó a volar.
Rememoró cómo había acabado allí... La joven no era una cualquiera, sino la princesa Mérida de DunBroch, Escocia. Cansada de las restricciones de la corte, las enseñanzas de su madre y estúpidos príncipes que lucharon por su mano, decidió huir. Acabó en el bosque hasta el día de hoy con la única necesidad de su arco y flechas para sobrevivir.
Hace ya mucho tiempo de aquello. Se pregunta por su familia, sus tierras… Pero valora la libertad. La ansiaba. Necesitaba correr sin rumbo, adentrarse a cuevas oscuras, oír el canto de remotos druidas… Ser libre de complicaciones. Eso necesitaba, aunque no lo era todo. Había intentado volver, pero la arboleda estaba llena de encantos y engaños, manteniéndola retenida en su propio Edén. Acababa queriendo saber de ellos y el Paraíso se volvía imperfecto.
Al cabo del rato, se levantó lentamente y un ruido captó su atención. Se volvió despacio y a unos metros se hallaba una bestia. Un oso de pelaje negro y altura intimidante clavó su mirada en ella. Un mechón rizado de color atardecer se posó sobre su ojo izquierdo. Con un soplido logró apartarlo y cogió su fiel arco, sigilosamente, con una flecha preparada a atacar. Había luchado contra cantidad de osos pero éste era diferente (sus ojos eran totalmente negros, su tamaño era excesivo y desprendía cierta magia, no parecía normal). Era parecido a las conversiones que algunas brujas tomaban. Quizás una hechicera  se hallaba detrás de esos ojos de tonalidad azul oscuro. Si buscaba problemas, los iba a tener. El oso rugió y fué hacia Mérida. La chica tenía el pulso acelerado y quiso huir de aquella lúgubre escena, pero se negó a hacerlo. En vez de aquello se armó de valor y disparó una, dos y a la tercera, cuando la flecha atravesó el corazón de la bestia y la princesa ya estaba herida, el animal se desplomó. Puso toda su furia en aquella última flecha. La muchacha fue, más calmada, a taparle las pupilas. Cuando la yema de sus dedos palpó su pelaje, el oso se volvió polvo y de él solo quedó una mujer. Mérida se petrificó al ver que en sus brazos estaba tendido el cadáver de su madre, con la puntiaguda flecha en el corazón.

El llanto y la confusión fueron irremediables. ¿Cómo había había acabado en el bosque? Estaba claro que se trataba de un conjuro ¿Quién le había hechizado? ¿Era su madre una bruja? La joven no pudo hacer nada y a lo alto vio que un ave se dirigía hacia ella. El halcón había regresado. Se posó en su rama habitual y desprendió bruma azul. Se sorprendió al ver que resultó ser La Vieja Tata, una anciana la cual le habían contado leyendas sobre sus hechizos en el bosque. Una bruja ¿Era la responsable de lo ocurrido? Se negó aquel pensamiento, solo un engendro sería capaz de asesinar a su madre, pero, tristemente, se equivocaba. La Vieja Tata le contó que su madre había muerto hace años, cuando ella le abandonó, sin la necesidad de ser físicamente. Cayó deprimida y un día como hoy decidió adentrarse sola, una última vez, en el bosque. Se encontró con la bruja, en su conversión de halcón, y quiso dar una lección a la chica. Le ofreció una tarta de arándanos a la reina y le dijo que estaba encantada para que le indicara, una vez comida, dónde se hallaba su hija. Al hacerlo, no sólo la trajo hacia ella, sino que le había transformado en un monstruoso oso. Le dijo que lo había hecho para abrirle los ojos ante su imprudencia de hace unos años, lo necia que fue, pensando que lo que dejaba atrás estaría en paz, que con el tiempo se olvidarían de ella. Para que viera que ya le había roto el corazón anteriormente.
Mérida se quedó perpleja. La anciana había hechizado a su madre para que ella misma la matase, en defensa propia. La furia que brotó en su interior fue inmensa. Le dedicó una mirada llena de desdén y solo sentía un amargo hastío hacia ella. Corrió hacia La Vieja Tata pero antes de que pudiera alcanzarla, se desvaneció.

Quedó sola junto al cuerpo inerte de su madre. Desconsolada, Mérida estaba perdida (o al menos eso creía). Abrazando a su madre con melancolía, oyó un silbido. Al verlo, comprobó que era un fuego fatuo, aunque lo había reconocido al oírlo. Sorprendida y asustada, lo observó cautelosamente. Su función era guiar destinos. Cogió a su madre y se adentró en el camino de luces azules ¿A dónde la llevarían? Quizás esos fuegos sean su camino de vuelta a casa. Solo había una manera de comprobarlo... Lentamente, Mérida siguió su destino.

Comentaris

  1. "Un mechón rizado de color atardecer...". Espero leer más relatos cinematográficos como este.

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  2. Pura inspiración. Tienes mucho talento. ¡Ánimo! Sigue así.

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